Semifinales. Argentina vuelve a hacer historia: remontada épica contra Inglaterra y pasaje a la final del Mundial

La selección argentina volvió a demostrar que, además de ser un gran equipo, tiene un corazón inmenso. Cuando parecía que Inglaterra le arrebataba el sueño de defender el título mundial, apareció el carácter de un grupo que ya hizo de las remontadas y de la épica una marca registrada.

Con un segundo tiempo que quedará para el recuerdo, Argentina se repuso ante la adversidad de encontrarse un gol abajo desde los 55 minutos del partido, cuando Anthony Gordon apareció sólo entrando por izquierda y aprovechó una destinteligencia de la defensa que hasta ese momento había hecho un partido impecable. El equipo siguió, pelota al piso, sin desesperarse. Scaloni dio en la tecla con los cambios y refrescó a un equipo algo cansado, sobre todo con el ingreso de Nicolás González y Rodrigo De Paul.

La selección nunca perdió las formas e Inglaterra se cerró atrás, armando línea de 5 y aguantando como sea el asedio argentino que tuvo un cabezazo en el palo de Alexis Mac Allister. Pero a falta de cinco minutos para los 90’ llegó el desahogo: Messi y De Paul juntaron pases después de un corner, el 10 atrajo las marcas y descargó para Enzo Fernández que remató desde afuera del área y estampó el 1 a 1. Golazo infernal.

A partir de ese momento, Inglaterra quedó condicionado: un equipo que con los cambios se preparó solo para defender y que no tuvo Plan B. Lo demás es historia. Argentina siguió yendo y buscando. El árbitro estadounidense, de flojo partido, agregó 9 minutos de descuento y los dirigidos por Scaloni apretaron en el momento justo. Lejos de especular con la prórroga, el equipo se volcó al ataque. Alexis apareció por izquierda y sacó un tiro de afuera del área que se estrelló contra el palo izquierdo de Pickford, increíblemente. Y en el rebote, cuando parecía no querer entrar, apareció Messi. El capitán recogió la pelota por la derecha, juntó dos marcas, enganchó hacia afuera y tiró un centro impresionante casi contra la raya y con derecha. La pelota voló por encima de todos los defensores y el arquero para caer adentro del área chica, donde entró firme y decidido Lautaro Martínez. Toro en su toreo y torazo en rodeo ajeno, el delantero del Inter puso un cabezazo inapelable para sellar el 2-1. Locura en Atlanta y en todo el país.

El final se hizo interminable, pero Argentina logró aguantar sin sobresaltos la diferencia. Con aplomo y con un Otamendi ganando varios duelos aéreos al igual que el Cuti Romero (partidazo) se impuso en su propia área y desactivó el peligro del seleccionado inglés, que agotó los minutos consumido en la impotencia.

El pitazo final llegó a los 11 minutos de descuento y desató la locura. Messi arrodillado, con los puños cerrados y al borde del llanto, es la imagen perfecta que resume lo que significó este triunfo para la selección. Una victoria épica, remontando desde atrás, más que merecida.

Durante el festejo, los jugadores llevaron adelante un pequeño acto de justicia poética: ante la prohibición de la FIFA y los organismos de seguridad de ingresar con cualquier referencia a las Islas Malvinas, se pudo ver a varios integrantes del equipo con una bandera blanca escrita a mano con letras negras: «Las Malvinas son Argentinas».

Una imagen que quedará para la historia, en suelo estadounidense y desafiando la ridícula prohibición que el gobierno argentino decidió avalar. Y otro partido que quedará en el recuerdo y que le da el boleto a la segunda final consecutiva a un equipo del que ya no hay nada más para decir.

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