La industria del libro volvió a encender las alarmas tras la difusión de un borrador de proyecto de ley elaborado por el Ministerio de Desregulación, a cargo de Federico Sturzenegger, que propone derogar la Ley 25.542, conocida como Ley del Libro. La iniciativa apunta a eliminar el sistema de precio único para la venta de libros, una herramienta que el sector considera clave para el desarrollo de librerías y editoriales en todo el país.
La reacción fue inmediata. Librerías, editoriales y distintos actores de la actividad comenzaron a difundir comunicados y campañas en redes sociales para advertir sobre las consecuencias que tendría la modificación. Además, iniciaron contactos con legisladores de diferentes bloques con el objetivo de explicar el alcance de la normativa y evitar que el proyecto avance en el Congreso.
No es la primera vez que la legislación queda bajo revisión. A fines de 2023, el Gobierno había incluido su derogación en la versión original de la Ley Bases, aunque ese apartado finalmente fue retirado durante el tratamiento parlamentario tras los cuestionamientos de distintos sectores.
La Ley del Libro fue promulgada en enero de 2002, en el contexto de la crisis económica, con el propósito de establecer un precio único de venta al público. De ese modo, un mismo ejemplar debe ofrecerse al mismo valor en cualquier punto del país, ya sea en una librería independiente, una cadena comercial o un supermercado.
La norma surgió como respuesta a una situación que afectaba a las librerías de barrio, que no podían competir con los descuentos aplicados por grandes cadenas y supermercados. Mientras estos utilizaban los libros como un atractivo comercial para incrementar las ventas de otros productos, los pequeños comercios carecían de margen para sostener esa estrategia.
El proyecto que dio origen a la ley fue impulsado por el entonces senador Leopoldo Moreau y contó con el respaldo de gran parte del sector editorial y librero. Desde su entrada en vigencia, sostienen sus defensores, el número de librerías se triplicó y crecieron las editoriales independientes, que encontraron espacios para difundir autores, géneros y propuestas con menor presencia en los grandes sellos.
Como ejemplo de esa expansión mencionan el crecimiento de la Feria de Editores (FED), que pasó de una primera edición con apenas cuatro mesas en 2013 a reunir actualmente unas 330 editoriales. También destacan que numerosas editoriales independientes se convirtieron en el primer espacio de publicación para escritores que luego alcanzaron reconocimiento nacional e internacional.
Desde el sector consideran que el sistema vigente también amplió la oferta disponible para los lectores, al favorecer la circulación de títulos, géneros y autores que habitualmente quedan fuera de los catálogos de las grandes editoriales.
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